Privacidad, soberanía y localización de datos: dónde se almacenan no determina quién los controla

Publicado: agosto 26, 2026

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Cloud, Understanding Internet Security

A person programming at the desk with codes on the laptop

El cloud, las soluciones SaaS, la inteligencia artificial y las infraestructuras distribuidas han transformado la forma en que las organizaciones recopilan, procesan, almacenan y protegen los datos. Al mismo tiempo, la privacidad de los datos, la localización de datos y la soberanía de los datos han adquirido una importancia creciente en las estrategias de TI, la contratación de servicios cloud y las decisiones de ciberseguridad.

Sin embargo, estos conceptos suelen utilizarse como si fueran intercambiables. No lo son.

Saber que los datos se almacenan en un país o una región específicos puede ser importante por motivos normativos, contractuales y empresariales. Pero la ubicación, por sí sola, no permite saber quién puede acceder a esos datos, qué jurisdicción se aplica, de qué tecnologías depende la organización ni cuánto control efectivo conserva sobre la infraestructura que los procesa.

Esta distinción es cada vez más relevante. El Marco de Soberanía Cloud de la Comisión Europea, por ejemplo, evalúa la soberanía desde múltiples dimensiones, entre ellas los aspectos legales y jurisdiccionales, los datos y la IA, las operaciones, la cadena de suministro, la tecnología, la seguridad y el cumplimiento normativo. En otras palabras, la soberanía no puede reducirse a la ubicación geográfica de un servidor.

En este artículo analizaremos las diferencias entre privacidad de los datos (Data Privacy), residencia de datos (Data Residency), localización de datos (Data Localization) y soberanía de los datos (Data Sovereignty), y explicaremos por qué la localización por sí sola no garantiza el control. A continuación, abordaremos el papel de los proveedores y las dependencias tecnológicas, la relación entre soberanía y ciberseguridad y el concepto de soberanía desde el diseño (Sovereignty by Design). Por último, nos centraremos en la capa de red y en la seguridad DNS para comprender cómo las características de un proveedor de ciberseguridad cloud pueden contribuir a una estrategia más amplia de soberanía de los datos, aunque no puedan garantizarla por sí solas.

La idea central es sencilla: la localización de datos indica dónde están los datos. La soberanía de los datos determina quién tiene, en última instancia, el control sobre ellos.

Privacidad, residencia, localización y soberanía de los datos: conceptos distintos, preguntas distintas

Antes de hablar de soberanía, es importante diferenciar cuatro conceptos que suelen solaparse en las conversaciones sobre tecnología y cumplimiento normativo.

Privacidad de los datos: las reglas que regulan su uso

La privacidad de los datos se refiere a cómo se recopila, procesa, consulta, conserva y protege la información, así como a los fines para los que puede utilizarse.

En el marco normativo europeo, el RGPD constituye la principal referencia en materia de datos personales. Su ámbito de aplicación no se limita simplemente al lugar donde se almacena la información: en función de las circunstancias, sus requisitos pueden aplicarse incluso cuando el tratamiento se realiza fuera de la UE.

Por tanto, la privacidad se refiere a la relación entre los datos, las finalidades para las que se tratan, las partes autorizadas a utilizarlos y las normas que regulan dicho tratamiento.

Residencia de datos: la dimensión geográfica

La residencia de datos describe principalmente la ubicación geográfica en la que los datos se almacenan o procesan.

Si un proveedor cloud indica que los datos de una organización residen en Fráncfort, París, Milán o Singapur, está proporcionando información importante sobre su residencia. Sin embargo, ese dato por sí solo dice relativamente poco acerca del contexto tecnológico, operativo y legal más amplio que los rodea.

Localización de datos: cuando los límites geográficos se convierten en un requisito

La localización de datos va un paso más allá. Se refiere a requisitos o políticas organizativas que obligan a almacenar o procesar determinados datos dentro de unos límites geográficos definidos.

Estos requisitos pueden derivarse de la legislación, de obligaciones específicas del sector, de contratos, de políticas internas de gobernanza o de las expectativas de los clientes. Por tanto, la localización de datos establece dónde debe permanecer determinada información, pero sigue centrándose principalmente en la dimensión física o geográfica de su gestión.

Soberanía de los datos: de la ubicación al control

La soberanía de los datos amplía el análisis al tener en cuenta no solo dónde se encuentran los datos, sino también las condiciones legales, operativas y tecnológicas bajo las que se gestionan.

La ubicación establece dónde residen los datos. La jurisdicción determina qué leyes y autoridades pueden afectarlos. El control se refiere a las organizaciones, tecnologías y personas que pueden acceder a ellos, procesarlos o gestionarlos.

Esta última dimensión es la que hace que la soberanía de los datos sea especialmente relevante para CIO, CISO, MSP, operadores de telecomunicaciones y organizaciones inmersas en procesos de transformación digital.

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La localización de datos no equivale a la soberanía de los datos

Imaginemos que una organización selecciona una región cloud europea y exige que determinados conjuntos de datos permanezcan dentro de Europa. Ya sabe dónde se espera que residan esos datos.

Sin embargo, la respuesta geográfica no define todo el modelo de gobernanza.

La infraestructura puede estar operada por un proveedor sujeto a obligaciones legales diferentes. En las actividades administrativas pueden intervenir otras entidades o subencargados del tratamiento. El servicio puede depender de un ecosistema tecnológico y una cadena de suministro más amplios. Además, trasladar las cargas de trabajo y la información a otro proveedor puede resultar complejo desde el punto de vista técnico o económico.

Por este motivo, la localización de datos y la soberanía de los datos no deben considerarse conceptos equivalentes.

Esta diferencia también se aprecia en el enfoque de la Comisión Europea. Su Marco de Soberanía Cloud de 2026 evalúa a los proveedores mediante 48 criterios agrupados en ocho objetivos de soberanía, que abarcan desde cuestiones legales y jurisdiccionales hasta la soberanía operativa, la cadena de suministro, la tecnología, la seguridad y el cumplimiento normativo. El marco también aborda aspectos como el control del cliente sobre el acceso criptográfico, la visibilidad de los accesos a los datos, las capacidades de migración y la dependencia de un proveedor.

El principio de fondo puede resumirse con claridad: la ubicación física, el control legal y el control tecnológico son tres dimensiones diferentes.

Mantener los datos dentro de unos límites geográficos concretos puede ser, por tanto, un componente importante de una estrategia de soberanía de los datos. Pero no basta por sí solo para alcanzarla.

De la ubicación de los datos al control efectivo

Para quienes toman decisiones de TI, el debate debe evolucionar desde la ubicación de los datos hacia el control efectivo.

Saber que la información reside en la región requerida sigue siendo importante. Sin embargo, una estrategia de soberanía madura también evalúa si la organización conserva un control suficiente sobre los datos y sobre las tecnologías utilizadas para procesarlos.

Podemos entenderlo como un stack de soberanía compuesto por varias dimensiones interconectadas.

El control legal se refiere a las leyes y jurisdicciones que pueden afectar a los datos y a las organizaciones que los procesan. Este aspecto cobra especial importancia cuando los proveedores operan en distintos países o dependen de estructuras corporativas y tecnológicas internacionales. La Comisión Europea, por ejemplo, establece garantías específicas para las transferencias de datos personales fuera del Espacio Económico Europeo.

El control operativo se refiere a quién gestiona realmente la infraestructura, incluidos los accesos privilegiados, la configuración, la continuidad del servicio, las copias de seguridad y la gestión de incidentes. La adopción del cloud redistribuye inevitablemente parte de estas responsabilidades entre el cliente y el proveedor, por lo que es esencial comprender con claridad cómo se reparten.

El control tecnológico se refiere a las dependencias generadas por el stack tecnológico. Las plataformas cloud, los sistemas operativos, las aplicaciones SaaS, las API, los proveedores de identidad, los servicios de ciberseguridad y los componentes de terceros forman parte de la infraestructura digital actual. Las dependencias no son negativas en sí mismas; la cuestión estratégica es si son visibles, gobernables y sustituibles.

El control de los datos se refiere a la capacidad de acceder a la información, procesarla, transferirla, conservarla y eliminarla. La portabilidad y la posibilidad de recuperar los datos en formatos utilizables también son relevantes, especialmente cuando una organización necesita cambiar de proveedor.

Por último, el control de seguridad se refiere a la protección de las identidades, los accesos, el tráfico de red, los endpoints y los recursos digitales frente a ataques y accesos no autorizados.

Estas dimensiones llevan a una conclusión más amplia: la soberanía de los datos no es una funcionalidad de producto, sino el resultado de la arquitectura y la gobernanza.

Ninguna plataforma cloud, producto de ciberseguridad o centro de datos puede proporcionar por sí solo una soberanía completa. Esta surge de la interacción entre el control legal, operativo, tecnológico, de los datos y de la seguridad.

La soberanía no significa aislamiento

Una mayor soberanía no implica necesariamente mantener todas las tecnologías, cargas de trabajo y proveedores dentro de las fronteras de un único país.

Las empresas actuales dependen de ecosistemas distribuidos. Los servicios de cloud público y privado conviven con plataformas SaaS, API, entornos híbridos y multicloud, cadenas de suministro internacionales, plantillas distribuidas, MSP, integradores de sistemas, proveedores de ciberseguridad e infraestructuras globales de Internet.

Por este motivo, la localización de datos puede conllevar ciertas contrapartidas en materia de seguridad. Como ha señalado Dark Reading, las organizaciones que operan en varias jurisdicciones pueden verse obligadas a fragmentar sus sistemas e infraestructuras para cumplir distintos requisitos nacionales. Una mayor localización puede aumentar el control sobre el lugar donde residen los datos, pero la complejidad arquitectónica adicional también puede crear nuevas brechas de seguridad. Por ello, las estrategias de localización deben evaluarse siempre junto con los requisitos de resiliencia y ciberseguridad.

Intentar eliminar todas las dependencias externas sería poco realista para la mayoría de las organizaciones y podría entrar en conflicto con objetivos como el rendimiento, la innovación, la escalabilidad y el tiempo de comercialización.

Un principio más útil sería el siguiente: la soberanía no consiste en eliminar las dependencias, sino en comprenderlas y controlarlas.

Esto cambia el enfoque del debate. Las organizaciones necesitan visibilidad sobre sus dependencias tecnológicas críticas, las partes que las controlan, su exposición geográfica y jurisdiccional y su grado de sustituibilidad.

Según Cybersecurity Dive, el 96 % de los CISO encuestados consideraba la infraestructura híbrida como su enfoque preferido para cumplir los requisitos normativos y de compliance, mientras que el 97 % afirmaba que podía ayudar a responder a las obligaciones de soberanía y residencia de los datos. Estas cifras refuerzan un principio más amplio: la soberanía puede alcanzarse mediante el control arquitectónico y la gestión del riesgo, no simplemente trasladándolo todo a un único entorno local.

La portabilidad y las estrategias de salida adquieren especial importancia porque la soberanía también implica conservar la capacidad de elección estratégica. Una dependencia que no pueda sustituirse de forma realista puede representar un riesgo empresarial, aunque cumpla los requisitos de localización actuales.

Resulta significativo que, cuando la Comisión Europea adjudicó su contratación de servicios de cloud soberano en 2026, seleccionara a varios proveedores específicamente para favorecer la diversificación y la resiliencia y reducir el riesgo de dependencia. La Comisión también reconoció que, en determinadas condiciones, las tecnologías no europeas pueden cumplir requisitos específicos de soberanía.

Por tanto, la soberanía digital no debe convertirse en sinónimo de aislamiento tecnológico. Su finalidad es reforzar la visibilidad, la resiliencia, la portabilidad y el control estratégico.

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Por qué la soberanía de los datos también es una cuestión de ciberseguridad

Los datos pueden residir exactamente donde exige la política corporativa y, aun así, verse comprometidos.

Un empleado puede introducir sus credenciales en un sitio de phishing. Una cuenta puede verse comprometida. Un malware puede infectar un endpoint, o un atacante puede obtener acceso no autorizado y exfiltrar información sensible.

En todos estos casos, el requisito geográfico puede haberse respetado, pero la organización habrá perdido el control efectivo sobre sus datos.

La ubicación no equivale a protección.

La ciberseguridad y la soberanía de los datos no son sinónimos. Sin embargo, la seguridad es una de las condiciones necesarias para conservar el control.

Esta relación es cada vez más evidente a nivel institucional. El marco de soberanía de la Comisión Europea incluye la seguridad y el cumplimiento normativo entre sus objetivos de soberanía, junto con aspectos legales, operativos, tecnológicos y relacionados con la cadena de suministro.

Para los CISO y CIO, esto amplía la relevancia de la soberanía de los datos más allá de los departamentos legales y de compliance. La soberanía está cada vez más vinculada con la gestión de riesgos, la evaluación de proveedores, la arquitectura de seguridad, la resiliencia y la continuidad del negocio.

Soberanía desde el diseño: del requisito normativo al principio arquitectónico

El concepto de privacidad desde el diseño (Privacy by Design) estableció un principio importante: la privacidad no debe añadirse a un sistema una vez diseñado, sino tenerse en cuenta desde el principio.

Este mismo enfoque puede aplicarse a la soberanía.

La soberanía desde el diseño (Sovereignty by Design) consiste en tener en cuenta la ubicación de los datos, la jurisdicción y el control tecnológico al diseñar o evolucionar una infraestructura digital, en lugar de descubrir dependencias críticas cuando las cargas de trabajo y la información ya son difíciles de trasladar.

Esto requiere una perspectiva arquitectónica más amplia. La arquitectura cloud, la identidad, los accesos privilegiados, el cifrado, la infraestructura de red, el registro de eventos, las copias de seguridad, la portabilidad, las dependencias de terceros, los servicios de ciberseguridad, la respuesta ante incidentes y la continuidad del negocio influyen en el nivel de control que puede mantener una organización.

La estrategia de salida merece especial atención. Los cambios de proveedor, normativa, tecnología o contexto geopolítico no deberían traducirse automáticamente en la imposibilidad de migrar cargas de trabajo, recuperar información o mantener las operaciones.

Este cambio ya está influyendo en la contratación de tecnología. Según informó The Register a partir de una investigación reciente de Forrester, los compradores de tecnología incorporan cada vez más los requisitos de soberanía y residencia de los datos desde la fase de planificación de los nuevos proyectos. Es importante destacar que estas evaluaciones ya no se limitan a la ubicación física de los datos, sino que incluyen la gestión de las claves de cifrado, el acceso operativo y la jurisdicción aplicable.

Esta evolución refleja la lógica de la soberanía desde el diseño: el control sobre los datos y la infraestructura debe tenerse en cuenta antes de que modificar las dependencias tecnológicas resulte difícil, costoso o disruptivo. La soberanía pasa así a formar parte de la arquitectura, la selección de proveedores y la gestión de riesgos, lo que ayuda a las organizaciones a conservar un mayor control y flexibilidad estratégica a medida que evoluciona su infraestructura digital.

Los proveedores de cloud y ciberseguridad también forman parte de la ecuación de la soberanía

Este mismo razonamiento debe aplicarse más allá del proveedor cloud principal.

Todas las organizaciones dependen de un ecosistema de proveedores que puede incluir plataformas de identidad, servicios de backup, tecnologías de endpoint, herramientas de seguridad, servicios de red y proveedores de servicios de seguridad gestionados. Los servicios de ciberseguridad cloud forman parte de ese ecosistema.

Utilizar una solución de ciberseguridad proporcionada desde el cloud incorpora inevitablemente un proveedor adicional a la arquitectura. Esto no reduce automáticamente la soberanía, pero sí implica que dicho proveedor debe incluirse en los procesos de evaluación de proveedores y gestión de riesgos.

Las organizaciones necesitan saber qué datos del servicio procesa un proveedor de ciberseguridad, dónde se almacena la información relevante, qué regiones de infraestructura intervienen y cómo se gestionan los roles, los permisos y los controles operativos. También importan el nivel de visibilidad que se ofrece a los clientes y las dependencias tecnológicas que introduce el servicio.

Por tanto, el mismo principio aplicado a la infraestructura cloud debe extenderse al stack de seguridad: una estrategia de soberanía no solo debe evaluar dónde se almacenan los datos empresariales, sino también cómo gestionan los proveedores tecnológicos y de seguridad los datos generados por sus servicios.

Esto resulta especialmente relevante para las tecnologías que operan cerca de la capa de red.

La seguridad DNS como una capa de una estrategia más amplia de soberanía de los datos

Cuando un usuario o dispositivo intenta acceder a un recurso online, la resolución DNS suele ser uno de los primeros procesos de infraestructura que intervienen. Esto convierte al DNS en un punto de control importante para la ciberseguridad.

El filtrado DNS puede contribuir a aplicar políticas de navegación, impedir conexiones con destinos maliciosos, reducir la exposición al phishing y al malware y aumentar la visibilidad sobre el tráfico DNS.

Sin embargo, la distinción planteada a lo largo de este artículo sigue siendo esencial: el filtrado DNS no genera soberanía de los datos, pero puede contribuir a la seguridad y al control que requiere una estrategia de soberanía más amplia.

Y, puesto que la propia seguridad DNS puede ofrecerse como servicio cloud, las características del proveedor también son relevantes.

Un enfoque práctico de la seguridad DNS y el control de los datos

FlashStart es una plataforma cloud de seguridad DNS. Por tanto, los mismos principios analizados a lo largo de este artículo deben aplicarse al evaluar FlashStart como proveedor tecnológico.

FlashStart 2026 utiliza servidores de almacenamiento locales y dedicados en Europa, América, Asia y África, diseñados para mantener los datos relevantes dentro de la macrorregión en la que operan los clientes y partners. Este enfoque contribuye específicamente a la localización de datos y no debe confundirse con una soberanía de los datos completa.

La plataforma combina el almacenamiento regional de datos con controles operativos diseñados para ofrecer a las organizaciones y a los proveedores de servicios mayor visibilidad y gobernanza sobre la seguridad DNS. La gestión centralizada de políticas, los roles y permisos, la administración multisitio y multicliente, los informes, los registros de navegación, la gestión de listas blancas y negras, las alertas y la visibilidad del tráfico DNS contribuyen a este objetivo.

Desde el punto de vista de la ciberseguridad, FlashStart opera en la capa DNS para identificar y bloquear el acceso a destinos maliciosos o no deseados antes de que la conexión llegue a establecerse. Su arquitectura utiliza una infraestructura Anycast, mientras que la inteligencia artificial y el machine learning ayudan a identificar y clasificar dominios sospechosos.

Por tanto, FlashStart 2026 no debe presentarse como un producto que garantiza por sí solo la soberanía de los datos. Su función es más específica: FlashStart proporciona seguridad DNS, localización regional de datos y controles operativos que pueden contribuir a una estrategia más amplia de soberanía de los datos.

Para los MSP, operadores de telecomunicaciones, integradores de sistemas, empresas y organismos públicos que operan a escala internacional, la seguridad DNS puede convertirse en una capa adicional a través de la cual integrar protección, visibilidad y control en una arquitectura de ciberseguridad más amplia.

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En última instancia, la soberanía consiste en mantener el control

Durante años, una de las principales cuestiones relacionadas con los datos empresariales ha sido su ubicación geográfica. Este aspecto sigue siendo importante, pero, en ecosistemas digitales cada vez más distribuidos, debe representar el punto de partida de la evaluación, no su conclusión.

Las organizaciones también necesitan comprender las jurisdicciones que afectan a sus datos, los proveedores y tecnologías de los que dependen, cómo gestionan esos proveedores la información relacionada con sus servicios, la portabilidad de las cargas de trabajo y los controles de seguridad que protegen el acceso a los recursos digitales.

En última instancia, la diferencia puede resumirse en tres afirmaciones: la localización asigna a los datos un lugar. La soberanía de los datos consiste en mantener un control efectivo. La ciberseguridad ayuda a preservar ese control.

Por tanto, la soberanía de los datos no depende de un único centro de datos, una región cloud o un producto de ciberseguridad.

Depende de la capacidad de una organización para comprender, gobernar y proteger las dependencias tecnológicas que sustentan su actividad digital.

Saber dónde están los datos sigue siendo esencial. El siguiente paso es saber cuánto control se conserva sobre ellos.

Daniele Balducci

Marketing Executive